En una educación de clases feudal, existían vías de educación de clases separadas para los samuráis y los plebeyos. Surgieron cuatro tipos diferentes de escuelas, todas para enseñar un plan de estudios confuciano:
1. Las escuelas oficiales para puestos de liderazgo, encabezado por el Shoheiko, 277 “escuelas para los clanes” (hanko).
2. 400 “Escuelas locales” (gogaku)
3. Las academias privadas (juku), eran 1500, organizadas por un erudito, para instruir a unos discípulos ya fueran samuráis o plebeyos.
4. 11 000 escuelas de escritura (terakoya) que eran para el entrenamiento práctico de niños plebeyos.
El propósito principal de las escuelas del clan era desarrollar el carácter de los niños de la elite, destinados a ser los líderes del futuro Japón. Su curriculum incluía textos clásicos del confucianismo para la preparación moral, artes marciales, historia japonesa y china, caligrafía, composición y etiqueta.
Las escuelas locales siguieron el modelo de las escuelas de los clanes principales; estas escuelas existían para proporcionar educación a sus hijos, desde el punto de vista del daimyo, mantenían la educación moral y servían como medio de control del pensamiento, haciendo a los habitantes de la villa obedientes, incluso cuando las condiciones económicas eran difíciles.
Hacia el final del periodo tokugawa, el daimyo, permitió que los hijos de los líderes de las villas y de los granjeros ricos fueran admitidos a estudiar en la escuela local junto con los hijos de los samuráis, esto ofreció una oportunidad para la movilidad social.
Las academias privadas iban desde escuelas elementales (saber leer y escribir) hasta instituciones superiores que ofrecían estudios avanzados para los graduados de las escuelas de los clanes.
Los gobernantes sostenían que el pueblo solo debía aprender a obedecer pero al aumentar la riqueza entre los comerciantes, los más prósperos buscaron una educación para sus hijos en las escuelas de escritura o terakoya. Estas escuelas nos solo ofrecían la lectura y escritura de obras morales confucianas y de homilías budistas sino también materias como aritmética con el ábaco y correspondencia de negocios.
Las escuelas de Japón fueron notablemente productivas que alcanzaron su propósito central que era inculcar los valores morales para el desarrollo del carácter. Al llegar 1850, Japón producía su propio cuerpo de especialistas, con ideas sorprendentemente modernas.
La inversión durante el periodo feudal produjo un interés más intenso en las cuestiones educativas durante la ulterior época Meiji. La ignorancia fue atacada como obstáculo para el progreso y tenía que ser eliminada como otros vestigios feudales.
En abril de 1968, el emperador Mutsuhito, de solo 16 años, promulgó una Carta Juramento de Cinco Artículos que declaraba los principios sobre los cuales se basaría el nuevo gobierno imperial, con un decidido compromiso positivo en la educación al declarar que “se debía buscar el conocimiento en todo el mundo para así fortalecer las bases de la política imperial”. De ese modo la oligarquía inició un programa de intercambio educativo para conocer la enseñanza y tecnología. Al paso de los años los japoneses han tomado de los Estados Unidos más ideas sobre la educación que de ningún otro país
Yukichi Fukuzawa proclamó “Lo que realmente se requiere es aprender lo más cercano a las necesidades de la vida cotidiana del hombre”. Y en 1896 se estableció una nueva universidad con planes de estudio occidentales que reemplazó al viejo colegio confuciano, el Shoheiko.
En el código educativo de 1872 (Gakusei) se decretó un plan para crear un sistema educativo moderno a escala nacional. Conforme a este código, la educación obligatoria de ocho años fue concebida para todos los niños y las niñas entre seis y catorce años de edad. Así se promovió el principio de igualdad de oportunidades educativas. El Japón cambió de una educación para la élite a una educación de masas, de acuerdo con la filosofía de la “ilustración” enunciada por Fukuzawa.
Unos meses antes de que se iniciara el movimiento de 1872, el gobierno japonés envió a occidente una misión de alto nivel encabezado por el príncipe Tomomi Iwakura, pues pensaban que era esencial observar directamente el funcionamiento de las instituciones occidentales; mientras la misión iba camino a Washington, Arinori Mori, escribió a varios prominentes americanos, solicitando consejos para establecer un sistema educativo que pudiera “elevar las condiciones intelectuales, morales y físicas del Japón.”
Fue evidente que la influencia estadounidense sobre la formación de la educación moderna en Japón seria considerable como resultado de la misión de Iwakura.
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